
Lo del secuestro (que suena hasta mal la palabrita) de la revista El Jueves ha supuesto que nuevamente se abra el debate sobre el derecho de opinión, el de informar y el de libertad de prensa. Derechos todos ellos recogidos en nuestra Constitución como derechos fundamentales. También hemos tenido la oportunidad de conocer que se puede cometer un delito llamado de injurias a la Corona.
La realidad es que tan drástica medida ha servido a muchos para debatir de otras muchas cosas. Monarquía, libertades, irreverencias, e incluso política y justicia, han sido temas que se han puesto encima de la mesa con ocasión de tan desafortunado acontecimiento.
Por tres motivos me ha parecido desafortunada la decisión del juez del Olmo de secuestrar la publicación e incluso la página web de la revista. Primeramente porque en mi opinión ha sido peor el remedio que la enfermedad. Tal vez no contara su señoría con que la noticia iba a correr como la pólvora y que todos los medios de comunicación se iban a hacer eco de la caricatura que ha motivado la decisión. Lo cierto es que el secuestro ha multiplicado, no sabemos por cuanto, la difusión del dichoso dibujito e incluso la intención de conocerlo.
En segundo lugar porque me parece una medida anacrónica y pasada de moda. Da lugar a que muchas voces interesadas hablen de censura y otras muchas pongan a la monarquía en el disparadero. Estos acontecimientos no hacen otra cosa que permitir los ataques interesados hacia la Corona española e incluso de quienes ven la oportunidad de hablar de censura en nuestra democracia.
Por último, no parece entendible que se proceda al secuestro de una publicación porque en ella se muestra una caricatura, por muy real que sea. Cientos de ejemplos se pueden ponen de imágenes y palabras denigrantes en otro tipo de publicaciones y, sobre todo para otro tipo de personas. En estos últimos casos el derecho al honor se compensa económicamente y punto.
Parece que todo va a quedar en nada, pero el daño queda hecho. ¡Jueces!