Desde el momento en que se conoció la sentencia del Tribunal
Constitucional rechazando el recurso del Partido Popular contra la ley del
matrimonio homosexual, se produjeron
reacciones. La iglesia, como no podía ser de otra manera ha puesto el grito en
el cielo, llegando a decir que “la familia ha quebrado” o que “los niños tienen derecho a tener un padre
y una madre”. No me sorprende. La noticia hubiese sido lo contrario. Pero por
contestar algo, les diría que desgraciadamente y por otros motivos ya han
quebrado muchas familias, que intenten ayudarles. Por otro lado lo
que necesitan los niños es mucho cariño, y seguro que dos padres o dos madres
pueden dar tanto como cualquier pareja.
Una de las que más me ha llamado la atención ha sido la del
ministro de interior. El señor Fernández Díaz insiste que el matrimonio no es
la unión de personas del mismo sexo (lo de las peras y las manzanas) y que esta sentencia no le hace cambiar ni
su conciencia, ni sus creencias ni sus convicciones. Y mira que aún no estando
de acuerdo, las declaraciones del ministro me parecen acertadas. Y hasta me
parece correcto que no cambie. (Cuando yo era joven corría por ahí una frases
que decía: “no cambies me gustan los idiotas”). Es lo bueno de la democracia,
que se aceptan las decisiones aunque no se compartan. Lo que pasa es que este
señor ha querido y quiere cambiar las conciencias y las convicciones de quienes
no piensan lo mismo que él. Y es aquí el problema. Alguien así no puede ser ni
ministro de interior ni representante de nadie que no sea él mismo. Así que a
casita.
Pero lo peor es que se opone que estas parejas adopten niños.
Claro, es mejor que lo adopte, sólo una de esas dos personas y que admitamos
esa hipocresía. O mejor aún que los niños se queden en centros de acogida o que
pasen de manos en manos si la menor estabilidad. ¡Que vista! Lo dicho, que para
no estar de acuerdo con nada de lo que tiene que defender siendo ministro que
se vaya a casa que estará mejor.
Pero ya digo que hasta puedo entender lo que dice este
hombre desde sus convicciones. Por lo menos ha sido sincero y honrado con él
mismo. Peor está lo que han hecho muchos de los representantes del PP
escondiendo la mano que lanzó la piedra del recurso que ahora han perdido.
Escuchando y leyendo lo dicho por muchos de ellos, si no estuviera bien
informado por momentos dudaría de quién presentó el recurso, de quien
llamó a la gente a la calle en contra de esta ley y de que el propio Rajoy dijo
ser el mismo el que presentaba el recurso de inconstitucionalidad.
Pues eso, que algunos no están de acuerdo con la sentencia y
no cambiaran sus convicciones. Y otros que tienen convicciones, pero que si no
gustan las cambian.
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