07 julio 2008

YA ESTA EN MI CASA... LA DICTADURA.

“…Y puede ser que me equivoque otra vez y puede ser que vuelva a perder, pero la vida me dice que me toca a mi eso de sentirme bien, …” Es de Conchita. Una canción que en su estribllo casi cuenta como me sentía hace algo más de una semana, cuando llegó el chico. Lo esperábamos. Pero por esperado no fue menor sorpresa. Ya estamos todos en la familia, y mi hija ya tiene aquí a su hermanito. Y nosotros, otra vez dos hijos. Esta vez la parejita. Puede que me equivoque otra vez como la anterior, pero algo me dice que esta es la definitiva. Tal vez sean las ganas o las esperanzas, pero no podemos volver a perder, volver a perderlos.
Diez días con nosotros el chiquitajo y hasta ahora no he tenido un momento para poder escribir lo que quería. Ha llegado y rápidamente ha instaurado su dictadura en el que hasta ahora era el reino de la princesa de la casa. Como buen pequeño dictador, empezó marcando los horarios, y aunque entre todos hemos querido saltarnos ese mandato, sólo lo consiente en muy pocas ocasiones y siempre que a él le parezca bien. Como buen dictador, el chiquitajo ha impuesto una serie de nuevas costumbres que son de obligado cumplimiento. La noche ahora empieza poco después de las ocho de la tarde y la tarde acaba momentos después de que el “caudillo de la casa” haya devorado el biberón correspondiente. De noche permite que descansemos, pero cual cacique que se las precie, a la salida del sol todos tenemos que estar en planta para atender las tareas que le corresponden.
La dictadura ha llegado a tal extremo en tan sólo diez días ha conseguido casi sin que lo percibamos cambiar nuestro vocabulario. No me refiero a que ahora en mi casa (perdón, su casa), se escuche cosas inteligibles al común de los mortales como ablaablaabla o agoagoago y cosas parecidas. No. Eso lo habíamos asumido desde el primer día. Me refiero a que ahora se utiliza sobre todo palabras como biberón, papillas, cereales sin gluten, pañales y chupete. Nuestro vocabulario casi se limita a esas palabras, o a algunas muy poco diferentes en cuanto su significado. Supongo que es la forma en la que los dictadores desarman las posibles sublevaciones.
En cuanto a la princesa que hasta ahora reinaba en esta que era mi casa y la de mi esposa, parece que por momentos se exilia en brazos de papa o mama y por momentos se une a la causa más fuerte, uniendo dictadura y monarquía en un coctel mortal de necesidad para el proletariado formado por mi esposa y por este que les escribe con el oído alerta a posibles llantos que acaben con este rato de esparcimiento. Seguiré escribiendo bajito.
Esta dictadura ha borrado de un plumazo los posibles reductos de machismo que pudiera haber antes de su llegada en la casa que habitamos. Ahora se lo que es, aunque mínimamente, la corresponsabilidad, algunas tareas del hogar y lo que es criar a dos hijos. Hasta ahora lo había oído. Ahora me he enterado. Casi una tarde entera se tarda en despertarlo, preparar el biberón, cambiarlo, darle de comer, mantenerlo despierto, bañarlos, volver a cambiarlo y vestirlos para poder salir a dar un paseo no más de una hora. Es como para desesperar al más bendito. Y cuando llegas a casa más de lo mismo. Antes decía yo que ayudaba en casa. No sabía lo que era eso. Viva la madre que aunque no os pario os cuida durante todo el día. VIVA.
Bueno, ya casi no me queda tiempo para seguir escribiendo. El pequeño dictador en breve estará haciendo sonar esa bocina que tiene como llanto y que pone en pie a toda la casa porque le toca volver a comer. Sin embargo, yo estoy más que contento. Se han pasado los primeros nervios y ha llegado la felicidad. Tengo una familia y todo lo que tenga que hacer lo haré por una sola de sus sonrisas al día, un beso de mi princesa o por ver la cara de felicidad de la que verdaderamente es mi reina. Con eso me basta.
Ahora a darle de comer y a dormirlo cantándole algo de carnavales. Esta noche le tocará eso de Los Piratas que acaba “… pero bienvenido seas, yo te cuido duérmete, ala ea eeeeeeeea eea”. Y se me volverá a poner carnecita de gallina.

9 comentarios:

Manuel dijo...

Ayer, de encontronazo en la calle, tuve la oportunidad de ver esos enormes ojazos y esa preciosa carita de "tu pequeño dictador", como tú le llamas. También ví la cara y las maneras protectoras de "tu princesa" respecto del pequeño. Y sobre todo te ví a tí, empujando ese carrito con la preciada carga dentro, con mucho cuidado, con todo el sigilo, con esa cara de protector y de padrazo que llevabas. Solo se me olvidó alargarte un clinex... por lo de la babilla, sabes?.
Espero y deseo que sean contínuos y para siempre tus deseos y... me alegro muchísmo de vuestra felicidad.

Revertiano dijo...

Ánimo, que vosotros podéis y lo estáis haciendo genial.

Bermauntier dijo...

Sí, Pical, nunca hay que rendirse, la dictadura será peor conforme pasen los años pero no pasará nada porque seguirán ahí y eso te hará más feliz. Será como un "alienado" jajaja. Y con el pasodoble de Los Piratas me has puesto a mi también la carnecita de gallina.

Suerte y felicidad, Pical.

Fátima Ramírez Cerrato ~ Mernissi~ dijo...

Sólo me sale decirte: Felicidades!!

Antonio Jesús Cobos dijo...

Enhorabuena, vuestra alegría es compartida por este que os escribe.

Es la mejor noticia que he tenido en los últimos días, no sabes lo que me alegro por vosotros.

La Mari dijo...

Enhorabuena papás!!! Y si piensas que ahora es dictadura, espera a cuando hable... Jejejejeje. Vas a recordar eso que cantaba el Love: "Siéntate niño y cállate la booocaaa" jejejeje. Nos vemos el viernes!

palindromos dijo...

Enhorabuena, y verás como esa "dictadura" se lleva fenomenalmente (nosotros también ejercemos nuestra dictadura sobre ellos, aunque no lo reconozcamos, quizá en nuestro afán de autoprotegerlos).

^CoBrEiToR^ dijo...

Enhorabuena!!! yo quiero 8 como ese!!!

Anónimo dijo...

muxas felicidades a los dos,os pude ver el viernes y me alegró muchisimo ver lo padrazos que sois los dos.Y esa princesita que habla por los codos,jejeje,sintoma de la felicidad.

muxa suerte en este nuevo caminar.

besos.

Angela Díaz.
(A NUESTRO AIRE)